Principalmente blanco, pero con motas de
azul y amarillo, los zapatos de Nike que me hacía sentir como el rey del patio
de la escuela. Yo recuerdo un día en verano cuando mi madre me compro estos
zapatos nuevos porque me porte como ángel durante un viaje de compras. Como
siempre, solía establecer un acuerdo con mis padres, con premios si comportaba
bien, como un soborno. Estos zapatos eran especiales, únicos. Lo que era
diferente fue a los tacones de los zapatos, había luces que siempre flashearon
con cada pavoneo, exactamente lo mismo que cuando me los pruebe en la tienda
por la primera vez, caminando por el pasillo como la pasarela. Yo recuerdo que
cuando era joven, los zapatos nuevos me convencían que puedo correr más rápido que
nunca, como un velocista en los juegos olímpicos. Los Nikes me sentían como un Casanova
con las chicas y un rey con los chicos, muy respetado en la manía de “kiss
chase”.