jueves, 18 de abril de 2013

El Pozo


Yo soy el más antiguo del pueblo, he visto todo que ha pasado durante muchos años, todo de una propuesta de matrimonio a un asesinato. Estaba testigo de mucha gente que desarrollaba desde niños inocentes hasta que estén los responsables de la comunidad – los jefes, la policía, los médicos etc. Para mí, no desarrollaba en estos empleos, no estoy bien pagado pero hago un trabajo muy importante, soy el asistente del pueblo. Soy la en que la gente confía, supongo porque no voy a decir otras. El hecho es que no doy información a la gente, solamente escucho y ofrezco un santuario para que refleje y busque son propios soluciones. De vez en cuando, unos me dan las monedas para agradecerme para el tiempo y con la esperanza que yo pudiera traer suerte en el futuro. Tengo suerte, en la región, soy un leyendo. Mis hermanos en otros pueblos no reciben el respecto como yo.

Duermo en el centro del pueblo, en la plaza mayor bajo del sol por el día y las estrellas por la noche. Durante el día, con el parque como mi vecino, estoy rodeado de los niños, las familias y los pájaros, es una atmosfera muy edificante. Durante la noche, después que las tiendas cierran y las familias se retiren a casa con los estómagos llenos, me quedo en la plaza vacía, miro fijamente a las estrellas, con el sonido del hilito de agua de fondo.

reservado, sospechoso, romantico


Recuerdo la noche cuando mi novia descubrió que había mentido de mis paraderos. Volví a casa, mucho más tarde que normalmente, no pude borrar una sonrisa de mi cara. Fue a las diez por la noche y al entrar en casa, mi novia me confrontó. Me preguntó dónde estaba y ella gritó que estaba preocupado. Me enfadó que tanto pronto como entre en casa, enfrenté un interrogatorio. Ella siempre estaba sospechosa de yo, creyendo que yo estaba con otras mujeres. Lo más sospechosa ella, lo más tentando estaba a hacerme infiel. Le dice que estaba visitando a mi hermana y nada más. Ella exigió ver mi móvil pero lo escondí en mi bolsillo. Mi novia ya supo los paraderos de mi hermana porque le llamó por teléfono luego mi historia no tuvo con qué justificar una acción. Segué a negar sus acusaciones. Mi novia me dio su espalda y comenzó a andar hacia las escaleras. Le grité en desesperación.

Me puse de rodillas y saqué el anillo de mi bolsillo, el mismo que mi móvil, y abrí la caja. “Discúlpame por llegar tarde, tuve que desviar para comprar algo….” Pues con una voz tartamudea, le pregunté las tres palabras “¿quieres casarte conmigo?”.